Hace unos meses me pasó algo que no esperaba.
Se me juntó todo. Una pérdida, una ruptura, una crisis económica. Y aunque los ángeles me enviaban señales de que todo estaba bien… yo no podía recibirlas.
Fue mi hijo quien me lo dijo sin querer:
"Mamá… ¿te has dado cuenta cómo ya no sonríes como antes?"
Esa noche entendí algo importante.
Que el camino espiritual puede ser muy solitario.
Y que no importa cuántas herramientas tengas… hay momentos en los que necesitas a alguien que camine contigo.
Por eso tomé una decisión.
Convertí mi curso de 21 días en un reto.
Para que no lo hagas solo.
— Angélica Bovino